Descubriendo (2009)

Descubrir a un poeta es una satisfacción muy grande, sentirse reflejado en unos versos es una emoción que puede durar días; pasa y pasa el tiempo y vuelves a ellos, a ese autor, y revives esa emoción que te embargó en el primer encuentro
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Por Alejandro Celedón Mendoza / @AlejoCeledon
Ilustración Getty Images
Fotografía cortesía Bid & Co Editor
Hay días que se nos presentan con un sol tímido, mojados por unas gotas de lluvia, mínimas pero constantes. Un día ni muy frío ni muy cálido. Ya estará más de uno por allí despotricando por estos cambios en el aire que nos hacen perdernos en la rutina de lo siempre constante y predecible: en enero temperaturas bajas, entre febrero y marzo un sol abrasador, la primavera criolla es entre abril y mayo, y después llegan las lluvias. Más eso era antes; el planeta gime, se revela, lo obligan a salirse de su ciclo hasta entonces perfecto, y nos encontramos una mañana de febrero contemplado con algo de fastidio, o tal vez con mucha nostalgia, esas gotitas de agua que del cielo vienen y que a la tierra van.
Días así son propicios para leer poesía, para adentrarse en el mundo siempre encantado de las rimas no tan rimas, de la música sin notas, de la palabra que no parece sino que es, o que es pero también parece. La poesía, como dice María Fernanda Palacios en el prólogo del libro Cómo Leer Poesía, es un “territorio anímico que sirve de puente con el misterio de la existencia”. La poesía es desahogo y también consuelo, es dicha, asombro, felicidad y con mucha frecuencia lágrimas. La poesía es vida dentro de la vida, pero no una vida habitual y ordinaria, sino exaltada, sensible, de sueños azules, de espejos rotos, de rompecabezas incompletos, de despojos, de purgatorios, de infinitas preguntas, y a veces, de respuestas.
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Descubrir a un poeta es una satisfacción muy grande, sentirse reflejado en unos versos es una emoción que puede durar días; pasa y pasa el tiempo y vuelves a ellos, a ese autor, y revives esa emoción que te embargó en el primer encuentro. Decía Hanni Ossott: “Es tan difícil penetrar en un mundo poético particular que cuando esto sucede resulta un acontecimiento”. Cuana verdad.
 Claro, no siempre estamos dispuestos y abiertos para recibir a un poeta, para descubrirlo. Pasa que lo lees y no te dice nada, no te mueve, no despierta vibraciones en ti, no te agita el alma; pero vuelves por alguna razón, vuelves a él con su cúmulo de letras transfiguradas y entonces sí, hay incumbencia, hay feeling y lo haces tuyo, entras en su mundo y él habita el tuyo. “La poesía tiene una duración, un tiempo, un cuajar en nuestra alma que nada tiene que ver con nuestras decisiones” eso lo dijo también Hanni, es que ella era sin dudas… toda poesía.
Luisiana Itriago se llama mi descubrimiento del día y en una de sus revelaciones dice:
“Como sombras
Descubrimos la piel en la piel
La sonrisa del cuerpo al tacto
En cada poro
La única palabra del silencio”
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