Cruz-Diez / Efímero, práctico, eterno (2016)

El maestro del cinetismo presenta en la sala La Caja del Centro Cultural Chacao algunas de sus últimas indagaciones en el tema que lo apasiona: el color. Finalizada la exposición, el 12 de junio, las piezas serán destruidas

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Por Alejandro Celedón Mendoza / @AlejoCeledon

Fotografía Alejandro Celedón Mendoza

Hasta el 12 de junio se mantendrá abierta al público en la sala La Caja del Centro Cultural Chacao la exposición “Efímeras” de Carlos Cruz-Diez. La muestra está compuesta por 16 piezas que, según se indica en la nota de prensa recibida por los medios de comunicación, fueron enviadas por el maestro vía email para ser impresas y luego, finalizada la exposición, destruidas. Particularidad esta que seguramente generará en muchos una doble expectativa: En primer lugar, disfrutar una vez más del talento de uno de los grandes del cinetismo, y segundo, apreciar obras de arte que, se supone, están destinadas a desaparecer.

Muchos de los títulos de las piezas incluyen nombres de lugares, antecedidos por la palaba Aditivo en referencia a la línea virtual más oscura que aparece cuando dos planos de color se tocan, según los estudios del propio Cruz-Diez.  En Color Aditivo Chacao 4 (2015) el color que sirve de base es el negro, un negro surcado, como en un intento de cruz, por líneas naranjas, verdes y azules, en tonos muy vivos; se cruzan primero de dos en dos, luego los tres, y es allí cuando la obra nace. En Color Aditivo Medellín Chacao B (2015) están el verde de Caracas, y también el de la ciudad colombiana. Dos capitales asentadas en valles rodeados por montañas.

Pero no solo hay alusión a la urbe. Siguiendo el recorrido surgen también círculos y rombos, y nombres que nos llevan a la selva, a tierras más vírgenes consideradas por los indígenas, ellos más sabios que nosotros, como santuarios. Se hace mención al valle de Kamarata, ese que está ahí, cerca del “Olimpo de los dioses Arekunas”, del Auyantepui.

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Allí está el Cruz-Diez que hemos visto desde la década del 70 con sus series Color Aditivo, Fisiocromías, Inducciones Cromáticas, y otras, salidas de sus investigaciones sobre los fenómenos ópticos del color. El visitante podrá recorrer la sala o sentarse en la única silla disponible, manchada como está, para descubrir, contemplar e interpretar esos prototipos que parecieran tener más que movimiento, vida. Si les llega de frente, por la izquierda o por la derecha, verá que cambian. El aparato sensorial del observador se activa y la subjetividad se manifiesta, dando pie a una experiencia lúdica que sus retinas, cerebro y espíritu agradecerán. Esta vivencia ratifica lo planteado por el maestro tras sus años de estudios: “El color es una situación, una circunstancia, no una verdad absoluta como se pensaba”.

Que una visita para disfrutar su obra termine convertida en una experiencia lúdica debe encantarle a Cruz-Diez. Él lo propicia; es un artista que hace rato rompió el muro, el vidrio, e invitó al espectador a adentrarse e interactuar con su obra; un artista que a sus jóvenes 92 años se mantiene activo, muy a tono con los tiempos que corren. “Vivo en el momento actual y trato de utilizar lo que esta época me da”, dijo, evidenciando sabiduría y una gran capacidad de adaptación.

Su programa informático “Experiencia Cromática Aleatoria Interactiva”, hecho de la mano de Apple, permite a cualquier persona interpretar sus ideas artísticas, sin necesidad de tener talento para la plástica. Hace poco lo vimos en Panamá junto al artista chino del camuflaje Liu Bolin mimetizado en una versión de su famosa obra Cromointerferencia de color aditivo, creación de carácter utilitario desplegada en los años 70 en el piso del Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Y se veía feliz, vivo, pleno.

¿Efímero?… sí, pero siempre eterno

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Sí, terminada la muestra las piezas, que no son piezas en sí sino prototipos, serán destruidas, de allí su título. Esto, en palabras de Cruz-Diez, busca “resaltar el hecho temporal que significa realizar una exposición. Al final, como en un concierto, lo que queda es el recuerdo de las vivencias dialécticas y, si acaso, algún catálogo conmemorativo”. Este anuncio de aniquilamiento, acostumbrados como estamos a que el arte, el buen arte, perdure en el tiempo bajo los techos de los museos, genera interrogantes y hasta una cierta zozobra.

Al ahondar en el asunto, se descubre que es un tema de practicidad. Hace rato que Cruz-Diez dejó a un lado las convenciones técnicas de la pintura en cuanto a soportes y materiales. Hoy sus obras recorren el mundo tras ser enviadas, como en este caso, por correo electrónico; se imprimen o montan, se disfrutan y desaparecen. Burlados quedan el engorroso traslado, el asunto de la seguridad y las fastidiosas aduanas; algo que según declaraciones del Premio Nacional de Artes Plásticas 1973, ofrecidas al diario El Universal en relación a esta exposición, “solo las nuevas generaciones han valorado”. Él se defiende, aunque falta no le hace, afirmando que un cuadro es solo un medio para mostrar el resultado de sus cavilaciones sobre el color, y que en esas ideas, más que en la estructura física, “reside realmente el arte”.

Esta muestra se exhibe en Caracas gracias a la Fundación Taller Cruz-Diez Caracas y al Taller Articruz Panamá, espacio fundado en 2010 en la Ciudad de Panamá “con el objetivo de producir los trabajos del artista”, según se lee en su cuenta de Twitter @articruzmedia. Y uno lamenta, cómo no hacerlo, que toda esa actividad en torno al maestro y su obra no tuviera como sede su natal Caracas, con el aluvión de gente de todos lados que su arte convoca. Pero nuestro país, al menos por ahora, ya no recibe sino que despide, y justamente es una de las obras del maestro la que sirve de testigo a esa reciente ola de adioses, en ocasiones precipitados, y siempre dolorosos.

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Sin embargo, se agradece que podamos acercarnos una vez más a su trabajo con esta exposición en el Centro Cultural Chacao, escenario más que ideal por su fácil acceso y esa llamativa cúpula color naranja corporativo que tan visible lo hace. El horario de visita es de martes a jueves de 1:00 pm a 7:00 pm y los domingos de 11:00 am a 5:00 pm.  La entrada es gratis.

 

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