Me hace falta tu abrazo (2015)

 

Las ganas de abrazarte me asaltan a diario. Tu abrazo cura y reconforta. Has sido, y eres, sentido y entereza en los tiempos de tormenta; en esos momentos de no encontrarme, de no entenderme

image

Por Alejandro Celedón Mendoza / @AlejoCeledon

Fotografía Alba Celedón M.

Ilustración Getty Images

Caracas, a 20  del mes de febrero de 2015

 Ninguno de tus 11 hijos te llamó mamá. Hubo dedicación, grandes sacrificios, trabajo duro; pero faltó esa cercanía, ese AFECTO –así en mayúsculas- capaz de crear lazos irrompibles, que fueran más allá de los nexos obligados de la sangre.

Entonces llegué yo, y por esos vericuetos de la vida terminé siendo otro de tus retoños. Nunca te llamé abuela, tampoco mamá. Para mí siempre fuiste, y has sido, “mami”, en diminutivo; como respuesta inmensa al cariño inmedible que me prodigaste desde el primer momento en que bajo tu cuidado quedé. Pasé entonces a ser no solo el hijo menor, sino además, el consentido.

Recuerdo mi primer día de colegio; con llanto desgarrado, aferrado a la reja de la escuela, imploraba, rogaba, bañado en lágrimas, que no me separaran de ti. También, las tantas veces que me sentaba entre tus piernas mientras disfrutabas complacida de tu gran diversión de ese entonces, las telenovelas. Pero sobre todo, evoco tu amor incondicional, siempre impregnado de madrugones, uniformes planchados, suculenta comida servida a tiempo y mucha entrega.

Finalizado mi bachillerato, cuando tuve que explorar nuevos destinos en aras de progresar, rememoro las ocasiones, nunca suficientes, que regresé a visitarte. Descubrí entonces, con cada despedida desgarrada, que hay amores tan, pero tan fuertes, que terminan doliendo. Imposible contar los momentos en que quise volar, saltar kilómetros, vencer el tiempo y la distancia, para llegar hasta tu puerta; la puerta de la casa, esa casa grande donde crecí; la casa de los recuerdos, del patio inmenso, hoy de la soledad asfixiante.

Las ganas de abrazarte me asaltan a diario. Tu abrazo cura y reconforta. Has sido, y eres, sentido y entereza en los tiempos de tormenta; en esos momentos de no encontrarme, de no entenderme. Ahora que tu mente vaga entre recuerdos, que desconoces algunos rostros y crees ver otros; anhelo más que nunca estar a tu lado. Sin embargo, y muy a nuestro pesar, no siempre tenemos lo que queremos; por eso te pienso hoy en esta tarde de febrero, te pienso todos los días de mi vida, y te pensaré aún cuando ya no estés.

Elevo una mirada al cielo, y en un acto que sobrepasa mis dudas acerca de eso que llaman Dios, imploro poder estar allí, junto a ti, cuando llegue el momento de tu partida definitiva. Me gustaría tomarte de las manos y decirte, muy cerca al oído, cuánto te amo, cuánto te agradezco, y lo mucho que te voy a recordar. No me alcanzará jamás el tiempo, ni en esta vida ni en otra, para darte las gracias, para retribuirte. Esa deuda, al igual que mi amor por ti, es inagotable.

Te quiero y te extraño cantidades.

Tu hijo, Tavo.

Anuncios

Un comentario en “Me hace falta tu abrazo (2015)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s