Bárbara Rondón / Creo en mí (2014)

Bàrbara Rondón por Daniela Benaim (2) c

Ella está llamada a integrar el grupo de quienes logran sobreponerse a su realidad, en apariencia trágica, para convertirse en modelo e inspiración. Escucharla nos hace intuir que lo que tiene por ofrecer es todavía más grande a lo alcanzado hasta ahora

Fotografía DANIELA BENAIM

 Soy Bárbara. Y soy especial (Editorial Planeta) es un libro autobiográfico en el que María Bárbara Rondón Mendoza, la segunda hija del célebre hombre de medios César Miguel Rondón, nos ofrece la oportunidad de adentrarnos en la existencia de quienes nacen signados por un cromosoma de más. Página a página, y de la mano de la periodista Marianela Balbi, quien funge de narradora, nos es develando lo que guarda su mundo interior hasta descubrir que ser especial no implica necesariamente una tragedia.

 Si bien en el texto están expuestos los bemoles de su vida, también se plasman sus logros, la fortaleza de su espíritu, nobleza de alma, capacidad de amar y sobre todo, de dar. A sus 29 años, Barbarita, como la llaman cariñosamente, habla tres idiomas, cursa estudios superiores en Estados Unidos, escribe poesía, tiene un blog, asiste a su papá en el programa de radio y de la mano de la Asociación Venezolana de Síndrome de Down (Avesid), aconseja a jóvenes con discapacidad, y a sus familias, Todo eso por ahora.

 Así es Bárbara

Bàrbara Rondón por Daniela Benaim c

Le pregunto cómo se ve en el espejo y me responde: “Yo no veo que tengo Síndrome de Down. Veo a una persona positiva. Le importo a tanta gente, a mis amigos, a mi familia. Ellos me dicen que soy la más bella y yo les creo”. Sus palabras llegan como una bofetada con sacudón incluido para quienes viven  divorciados con su iamgen. Durante la entrevista, sus carcajadas, siempre a flor de piel, contagian a todos sin reparos. Aunque dice no ser coqueta, sus cabellos con reflejos color miel y sus uñas de rosa encendido, en perfecta combinación con su cartera, muestran todo lo contrario. Quienes la conocen dicen que su mayor defecto es la perfección, le gusta que todo salga siempre bien. De allí la incomodidad que le genera el no poder expresarse fácilmente (a medida que pasan los años, le cuesta ser comprendida al hablar); un obstáculo que no la amedranta. Además, cuenta con el recurso de la escritura; ese que el año 2004, en medio de una profunda depresión, le permitió sacar a flote las emociones que la embargaban. Desde entonces no ha parado. Este triste o alegre, en sus cuadernos plasma a través de versos su sentir: una ruptura amorosa, como en “Los cuentos de hadas se terminan”; o un manifiesto de vida en “¿Quién soy?”, su poema preferido.

 Como buena hija de su padre, es amante de la música: el jazz la relaja; también escucha rock, punk y heavy metal porque la hacen sentirse poderosa; de la salsa “Jala, jala”, de Richie Ray, es su favorita; y “A pedir su mano” de Juan Luis Guerra la pone a bailar. De Venezuela lo que más le gusta es el Ávila; cuando lo sube y ve a Caracas desde las alturas cree estar en la cima del mundo. De Estados Unidos le encanta el otoño. Como cualquiera, también tiene  miedos; desde pequeña a la oscuridad, ahora de adulta al rechazo y los juicios a priori de la gente. Trabajar al lado de su padre le ha permitido, entre otras cosas, conocer a gente famosa; Henrique Capriles Randonsky y los integrantes del grupo Desorden Público se cuentan entre sus amigos.

 Un modelo a seguir

Es mucho lo que Bárbara ha logrado, más uno intuye que lo que tiene por ofrecer es todavía más grande. Su mayor capital, además de sus ganas y el apoyo de su familia, es la fe en ella misma. Lo suyo es ayudar a otras personas con o sin su condición, vocación que su paso por Avesid confirmó. Desde el primer día, cuando recorrió los pasillos de la fundación e iba memorizando los nombres de quienes luego serían sus pupilos, se sintió complacida con eso de servir de guía. Recuerda con especial afecto a Paola, una joven que además de Down es autista: “Se mantenía apartada del grupo; yo me acerqué y empecé a hablarle a la muñeca que siempre tenía en sus manos; así pude tocarla, acariciarla. Al final hicimos el trabajo juntas. Desde ese momento ella es mi alumna favorita”.

  • ¿Qué te hace feliz, qué es lo que más disfrutas? -le indago.
  • “Depende, cuando estoy con mi amiga Andreina soy feliz. Trabajar en Avesid y ver que puedo ayudar a otros dibuja una sonrisa en mi cara”.

Para continuar con esta labor, Bárbara planea, contra viento y marea, inscribirse en la carrera de Psicología al finalizar sus estudios de Artes Liberales. Tiene el ojo puesto en la prestigiosa Universidad de Stanford; uno de sus sueños es vivir por su cuenta en California donde le gustaría abrir una fundación como en la que actualmente ejerce; y también adoptar un niño con Síndrome de Down para enseñarle todo lo que ella ha aprendido.

  • ¿Y tener otro novio?
  • “No, novios no”. Me responde entre carcajadas.

El libro

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Soy Bárbara. Y soy especial surge de la recopilación de los testimonios de Bárbara Rondón, y su familia. Marianela Balbi, quien tuvo la tarea de hilar esta historia de la vida real, dice que se encontró con una mujer resuelta a apropiarse definitivamente de su historia personal para construir un relato que tuviese el poder de transformar no solo su propio destino, sino además de quienes pudieran leerlo. Para el escritor y poeta Leonardo Padrón, las páginas de este libro “poseen una honestidad que conmueve y que sirve, a la vez, para demoler los cansados estereotipos que hay a propósito de los niños especiales”.

 

 

 

¿Qué significan ellos para ti?

César Miguel Rondón, tu padre: El cariño más grande.

Adriana Mendoza, tu mamá: Mi vida.

Tu madrastra, Floralicia Anzola: Mi mejor amiga.

Leonardo Padrón: Mi mentor.

Olivia, tu mascota: Mi mundo.

Andreina Grasso, tu amiga: Mi chiquitita, como la canción de ABBA.

El documental

“Yo no me creo especial por tener síndrome de Down. Me siento especial por las muchas cosas que hago en mi vida”. Esta es la idea central de “Down to be up”, documental en el que María Bárbara Rondón cuenta cómo es su vida. Filmado por su hermana Victoria y su amigo Steve Vega, fue nominado para competir por la categoría Mejor Documental en el Miami short Film Festival de 2012, y seleccionado para participar en el Sprout Film Festival de Nueva York y en el Sebastopol Documentary Film Festival, ambos en el 2013. El trabajo audiovisual puede ser visto en Youtube.

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