Mario Hernández / El hombre detrás de una marca de éxito (2014)

Mario Hernández c

Su historia de vida jamás pasaría desapercibida. Aspiraciones, constancia y perseverancia se conjugaron para posicionar su firma como la línea de artículos de cuero de lujo número uno en Latinoamérica  

Fotografía CORTESÍA MARIO HERNÁNDEZ

Agradecimiento RAIZA ZAFRANÉ

 Don Mario, como lo llama todo el mundo en su natal Colombia, es un hombre de maneras simples, con esa amabilidad a flor de piel que tanto distingue a esas personas nacidas o criadas en las montañas. En su fábrica, ubicada en la zona industrial de Bogotá, saluda a todos por igual, ya sean gerentes, diseñadores, oficinistas, obreros; con una sonrisa en el rostro y aprovechando la ocasión, cuando hace falta, para alertar sobre cualquier detalle: un cristal que no está siendo bien fijado, un cuero mal cortado o un relleno que no resalta la forma de una pieza. Casi 500 personas laboran para su firma homónima, esa que vio luz hace ya 18 años, y que hoy día tiene presencia en 7 países con 96 tiendas, incluidas 15 en Venezuela y una en Moscú, la más nueva de todas.

 Ante la pregunta de cuál es la fórmula de su éxito sentencia que el hambre, y remata: “Sin hambre eso (en referencia a sus logros) definitivamente no funciona”. La respuesta adquiere total sentido cuando se descubre que desde los 8 años ya hacía carritos de lata para luego venderlos, como también vendía los tamales que cocinaba su mamá. A los 14, huérfano de padre, empezó a trabajar formalmente como mensajero, con el pasar de los años llegó a administrar un almacén hasta que en 1965 abre una oficina de bienes raíces. Un fabricante de chaquetas de cuero le pidió que diseñara para él y lo hizo. La vida le cambió cuando este personaje le da la gran oportunidad de su vida, no solo le vende su negocio sino que le permite pagarlo por partes.

Mariposas, texturas y colores integran el universo Mario Hernández

Mariposas, texturas y colores integran el universo Mario Hernández

Así, en 1978, nace Marroquinera, llegando incluso a tener la licencia en Colombia de la prestigiosa marca Bally y la línea de equipaje de Dior, relaciones que le fueron de gran ayuda para conocer de primera mano el trabajo del cuero, la importancia de los acabados, de los detalles. En 1995, por recomendación de su publicista y contra todo pronóstico, nace la marca Mario Hernández teniendo como símbolo un unicornio: “El unicornio es el ideal del caballo y la meta de Mario Hernández era, y sigue siendo, ser el ideal de la marroquinería” explica desde su oficina, esa que ha servido como sitio de encuentro con varios presidentes de Colombia y sus ministros, y que recoge en sus paredes un notable número de anécdotas y condecoraciones.

 ¿Por qué la insistencia con las mariposas en sus diseños?

  • Me gustan, me gusta la naturaleza. La historia de las mariposas es linda, el tiempo que viven, cómo se transforman, su colorido, la variedad que hay. Cuando arranqué a la gente no le gustaban, pero yo soy terco, y mira, se nos volvieron un ícono.
  • ¿Cómo integra en sus productos materiales tan variados como las mochilas wayúu, los cristales de Swarovski, el cuero italiano… cómo logra esa armonía?
  • Nadie cree lo que tenemos aquí para hacer un bolso. El cuero y los herrajes se trae de Italia, los cristales de Austria, los hilos de Francia, los forros son de aquí, de Colombia. Mi hobby es la cocina, en ella los ingredientes son básicos, si usted no tiene buenos ingredientes no tendrá un buen resultado, lo mismo pasa en la vida y en esta fábrica. Es que mi Dios nos dio todo, solo hay que pensar un poquito, investigar. ¿Qué tiene Mario Hernández? buenos materiales, un diseño, una propuesta que lo diferencia, y buena mano de obra. En mi fábrica no hay obreros, hay artesanos.
Artesanos, como los llama don Mario, arman cada una de las piezas

Artesanos, como los llama don Mario, arman cada una de las piezas

 

Predicando con el ejemplo

Ganador en el 2012 del premio Ernest & Yung al emprendedor del año, este 2013 visitará Mónaco para competir a nivel mundial junto a otros 30 empresarios. “Esto es un honor muy grande”, señala. Y es que don Mario no solo ha creado una de las firmas marroquineras más importantes de Latinoamérica, sino que ha procurado que su éxito arrope a cada una de las personas que laboran en su empresa. “Esto no es mío, esta es una gran responsabilidad que tengo con mi país, con la marca, con las más de 500 familias que trabajan conmigo”, afirma y estas palabras van más allá de un simple discurso. Su meta ha sido que todos sus empleados tengan casa propia, que mejoren su calidad de vida. “Yo le digo algo, aquí todos somos iguales, yo en eso soy medio comunista”, me dice, e inmediatamente aclara: “en el buen sentido de la palabra”.

 De sus dos matrimonios tiene tres hijos, todos vinculados a la empresa. O sea que ya tiene sus sucesores, le comento, pero él explica que no siempre los hijos tienen o deben formar parte del negocio familiar, en ocasiones, dice, puede resultar contraproducente. Pero este no parece ser el caso de los Hernández: Mario, el primogénito, es el gerente general de la firma; María Fernanda, la segunda, es vice presidenta de producto y mercadeo. El menor, de 19 años, estudia diseño en Londres pero desde ya aclara que desea tener su propia marca.

 ¿Qué es el diseño para Mario Hernández?

Diseño es mejorar lo que hay.

  • ¿Cómo le gustaría ser recordado?
  • Mi gran premio ha sido construir una familia, una empresa, generar empleo, ser reconocido a nivel nacional, hoy día tratando de hacer una marca internacional.
  • ¿A quién admira?
  • A Jesucristo, a la gente que ha hecho cambios importantes, que ha evolucionado el mundo, a un Steve Jobs que inventó aparatos tan maravillosos como el iPhone. A todos los que han creado cosas que nos permiten vivir mejor.
  • ¿Qué lo llena de satisfacción, qué le resulta más grato?
  • Trabajar, a mí me fascina lo que hago, más que trabajo es un goce.
  • ¿Y a parte del trabajo?
  • El golf y cocinar. Somos un grupo de 12 amigos y nos reunimos todos los jueves desde hace más de 20 años a cocinar. Uno tiene que hacer lo que le gusta y si le gusta ya no es trabajo, es un disfrute. Yo disfruto todo lo que hago. Si las cosas no se hacen con amor, es mejor no hacerlas. No funcionan.
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