Rayma Suprani: “Digo todo lo que pienso”

Quien desee conocer nuestra compleja realidad y descubrir la idiosincrasia del venezolano, con ver sus viñetas tiene, sino suficiente, yo diría que bastante. Su acuciosa mirada, siempre escoltada por esos lentes que ya se han convertido en una especie de sello personal, es capaz de condensar en agudos trazos y cortas frases -salpicados de una justa dosis de humor e ironía- el día a día de un país que nunca duerme

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Fotografía REEXÓN ESCOBAR

Rayma Suprani es periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela, se inició muy joven en el diario Economía Hoy, luego estuvo en El Diario de Caracas y desde hace 15 años forma parte de El Universal como su caricaturista principal. Sus viñetas también se dejan ver en Estampas, la revista dominical del mencionado diario, en el portal Prodavinci.com y aquí en ETIQUETA acompañando los textos de su brillante amigo Toto Aguerrevere en su columna “Aquí entre nos”. Todo sale de su particular capacidad de observación, de su fina inteligencia resguardada por sus también icónicos sombreros, de su amor por la ilustración, pasión que dice sentir desde que estaba en el vientre de su madre.

El año pasado Rayma decidió volver a mancharse las manos de pintura, dejar de lado el pequeño formato, la comodidad delmouse, para regresar a los lienzos y dejar salir parte de su rico y complejo mundo interioren el que Mafalda figura como parte de su credo personal, las motos Vespa y las plumas fuentes entre sus objetos de deseo. Fiel creyente del psicoanálisis, de la Virgen y la energía como formas, más bien caminos, para tratar de obtener respuestas certeras a ese interrogante mayúsculo que es la existencia. “Me eduqué bajo la fe católica, pero mi idea de la religión se ha ampli
ado. Creo que la religión es hacer de la vida un proceso que te enriquezca y te ayude a ser mejor persona”, refiere.

¿Tienes una musa?

Tengo varias, unas espontáneas que vienen cuando les da la gana y otras las tengo más a régimen. A esas debo alimentarlas.

¿Vivir en un país como el nuestro, donde en un mismo día pueden ocurrir varios hechos de importancia, beneficia tu trabajo?

La saturación no es tan buena, hay que ir entendiendo la clasificación, qué puede realmente darte un aporte, lo que yo llamo las vetas, pequeños reductos desarrollables para crear una idea. Hay mucha basura.

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¿Cuál es el aporte que el periodismo le hace a tu trabajo como caricaturista?

Jerarquizar la noticia. Entender qué es lo más importante. Estudiar periodismo ha sido muy bueno para el enfoque, te ubica en lo que es una redacción de prensa, una especie de manicomio pero muy específico, focalizado en toda esta neurosis existencial de las noticias y la prensa.

¿Rayma dice todo lo que piensa?

Cada día más, eso me está preocupando.

¿Alguna vez te han vetado?

Sí ha pasado pero no como una imposición sino como una negociación. Cuando se empieza tan joven uno quiere publicar cosas fuertes, directas, y a veces hay que trabajar mejor los conceptos, eso es parte del aprendizaje. Los editores con los que he trabajado me han ayudado mucho en ese sentido. A veces tienes un gran dibujo y debes negociar el espacio, agarrar tu ego y metértelo en el bolsillo. Un periódico lo hace mucha gente, todo ese gran equipo merece respeto.

¿Has llegado a arrepentirte de alguna caricatura?

Todavía no. Uno puede tener ese temor, sobre todo cuando tratas situaciones difíciles, me pasó con la tragedia de Vargas, con el deslave. Es como que hagas un chiste y al día siguiente la persona amanezca muerta, imagínate, como cambia el entorno, y eso puede pasar porque el periódico se hace el día antes. Por eso trato de ser muy comedida sin dejar de ser dura con los conceptos básicos. No me gusta meterme con los asuntos personales de la gente porque considero que baja el nivel. Los conceptos generales son más interesantes y mejores de entender.

La Puta, una de las pinturas de la serie Las 4 mujeres de Dios-1

¿Con tu trayectoria, con el esfuerzo que implica una viñeta diaria, se me ocurre preguntarte si todavía experimentas miedo ante “la hoja en blanco”?

Siempre está la angustia de la hoja en blanco, es algo que no te puedes quitar pero ni que hagas la terapia que hagas, tiene que ver con el vacío, con no saber qué decir. No es algo que te paraliza, lo puedes superar, haces un trazo, no te va a salir una obra de arte con el primer rayón, eso es mentira, nadie puede trabajar así por más genial que sea, tienes que ir calentando motores y llega el momento en que esta ahí, aparece y lo aprovechas.

¿Tienes algún maestro?

He tenido muchos, la vida y el aprendizaje van de la mano. Gran parte de lo que uno es se lo debe a las personas que pasan por nuestra vida. Los maestros son fundamentales, te enseñan no solo la técnica sino también un vínculo con el trabajo conceptual; eso te hacer ser mejor a nivel profesional y personal. Ojalá podamos volver a respetar esa palabra en su totalidad.

Hablando de maestros, te han comparado con Zapata, ¿qué significa eso para ti?

Es un honor, yo creo que Pedro León es un gran maestro, con toda la experiencia en el mundo de la prensa, del humorismo. Es un genio. Es mi amigo y uno de mis maestros. Que me comparen con él me parece honorable, hermoso.

De vuelta a los pinceles

Rayma empezó a pintar en la adolescencia, se formó por varios años en el taller de Pedro Centeno Vallenilla aprendiendo pintura, desnudos; tras entrar en el vertiginoso mundo del periodismo dejó a un lado los pinceles. El año pasado los retomó con la muestra “Frente al espejo”, su primera exposición individual que pudo ser apreciada en la Galería D’Museo del Centro de Arte Los Galpones de Los Dos Caminos. Al principio el retorno a los grandes formatos le resultó un poco aterrador, pero una vez superado el miedo, descubrió que el pulso, el cerebro y el corazón le fueron respondiendo.

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¿Cómo te sentiste con este regreso a la pintura?

Fue una experiencia interesantísima, muy ligada a mi interior, he quedado agotada después de esa exposición, se me había olvidado lo fuerte que es la pintura. Estuve por muchos años trabajando con la tecnología, en una sala de redacción;  volver al pigmento, a la materia prima y a mi interior ha sido desgarrador y fascinante. Voy a seguir trabajando la pintura, espero este año presentar otra individual.

¿Qué te resulta más cómodo, la Mac o los pinceles?

Ambas tienen ventajas y desventajas. Es difícil mantener esas dos vías en la vida contemporánea porque creo que la tecnología cuando se usa todo el tiempo y no se hacen otros ejercicios te va mutilando; se vende como que no, pero sí, porque luego cuando agarras un pincel crees que vas a tener un botón que limpie o te lleve al menú anterior y resulta que no es así. Es un juego cerebral muy interesante.

La serie de pinturas “Las 4 mujeres de Dios” llamó mucho mi atención, ¿cuál fue la respuesta por parte del público, generó alguna polémica?

No hubo críticas religiosas, todas las mujeres que estábamos allí nos sentimos identificadas con esa clasificación primaria, digo primaria porque ya hay otras, eso evoluciona muy rápido. Hubo comentarios como el de Marianella Salazar, mi gran amiga, quien dijo sentirse muy identificada con la monja, me pareció interesante pero le dije que ella de monja no tenía nada. Y así surgieron muchos otros. Para mí el tema de la mujer, de lo que somos y cómo la historia nos ha ido dando una forma y ahora queremos tener otra, reconstruirnos, reinventarnos, me resulta fascinante. Creo que esa pintura traía a colación esa problemática. En cada una de nosotras hay una de esas cuatro mujeres.

¿Qué opinas de una ciudad como Caracas?

Es una ciudad amada y odiada. Tenemos el mejor cielo del mundo, un valle bellísimo. Sigo pensando que Caracas es adorable, tiene el Ávila que es una especie de mujer dormida que algún día se levantará y nos saludará de alguna forma. Creo que el amor que uno le tiene a esta ciudad es mayor al odio que nos genera en una hora pico.

Y de Venezuela

A veces me impresiona porque con todo lo que hemos pasado, con esta autodestrucción, todavía somos un país hermoso. Aquí es donde tengo mis afectos, donde están enterrados mis muertos, donde vivo, a donde siempre quiero regresar. Este país es tan generoso, ojalá lo podamos seguir construyendo y reinventando dentro de las cosas buenas y malas.

¿Está nuestro país de psicoanálisis?

Yo diría que sí. Totalmente. Hemos pasado 14 años de manicomio y ya veníamos de otros. Deberíamos poner de lado esa idea caribeña de la evasión, de la fiesta sin sentido. Eso se deja ver hasta en los mismos chistes; como decía Freud, el chiste y su relación con el inconsciente. Ojalá pudiéramos conocernos, psicoanalizarnos, si lo pudiéramos lograr a nivel colectivo sería bueno. Que no nos dé tanto espanto vernos en el espejo, porque a veces pensamos que somos de una forma y resulta que es otra.

Más personal

Vivo con… mis tres perros: Lucy, Blue y Churchill, y un gato que se llama Osho. Me gustan mucho, a veces me preocupo porque me comunico mejor con ellos que con la gente, aunque termino pensando que no es tan grave, por lo menos no es nocivo para nadie”.

“Me gusta mucho… leer, el cine, la meditación, la tranquilidad, el silencio, la jardinería; he adoptado estas cosas con el tiempo, me parecen interesantes. También me gusta la gente, estar fuera, pero no todo el tiempo, tengo como mis clímax, hay veces que quiero salir a reuniones y otras necesito alimentar ese mundo interno. Depende de cómo esté el biorritmo”.

“Soy venezolana y también soy italiana… tenemos esa maravilla en este país, todos tenemos un tambor, una flecha y algún queso parmesano guardado en la maleta, eso nutre. Creo que esa conexión tan fuerte que tengo con mi raíz venezolana es lo que me permite hacer caricaturas, es lo que me conecta con la opinión pública, con los refranes, la misma comida. Todo eso va apareciendo para luego ser usado”.

“Dentro de mi… mundo creativo e intelectual quisiera tener más tiempo para desarrollar otras cosas. La exigencia de una viñeta diaria en el momento que estamos viviendo me exige mucha energía, pero quiero retomar los clásicos, las lecturas, hacer humor universal. Pienso como Leonardo Da Vinci en ese sentido: el creativo y el artista tiene que explorar, tiene que ampliarse a otras áreas”.

 

Rayma en pequeñas dosis

Un paisaje: Juan Griego en Margarita

Un venezolano: José Ignacio Cabrujas

Un escritor: Eugenio Montejo.

Una película: África Mía

Un periodista: Nelson Bocaranda

Un plato: Los capelletti in brodo y la hallaca, uno de los platos más maravillosos que tenemos.

Un artista plástico: Jesús Soto

Una obra: “El grito”. Me encantaría tenerlo en mi casa en un pequeño salón para verlo todas las tardes

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