Floralicia Anzola – Confesiones de una madrastra

Periodista, locutora, productora de televisión, publicista, especialista en comunicación organizacional, esposa y madre por partida doble; la conductora del espacio 0800Flor, transmitido por Onda la Superestación, comparte su experiencia junto a los hijos del primer matrimonio de su esposo, el también periodista César Miguel Rondón 
 
Fotografía DUMONT & REGALADO
Vestuario y calzado ALBERTO DE CASTRO
Maquillaje y peinado ANÍBAL ESCALONA
El destino elegido para pasar el fin de año en familia fue New Jersey, Estados Unidos. Todos vivirían un momento que para muchos pudiera ser calificado de surrealista. No se trataba de una familia cualquiera sino de una bastante numerosa, de esas que hoy definen como compuesta. Allí se encontraría César Miguel Rondón con los tres hijos de su primer matrimonio, su esposa Floralicia Anzola y el primer hijo de ambos. Adriana, la primera esposa del reconocido periodista y madre de sus hijos, con su segundo esposo, los hijos del primer matrimonio de este y también la ex esposa de él con su nueva pareja.
Cuando se acercó el momento del año nuevo, todos formaron un círculo agarrados de la mano y empezaron la cuenta regresiva. Floralicia recuerda emocionada que experimentó una energía como nunca antes: “Allí no había ningún reclamo, nadie estaba en otra sintonía que no fuera la de celebrar que estábamos juntos, fue un momento precioso. Entendí mejor que nunca de qué se trata el amor; una cadena de energía que no debemos romper jamás”.
Este y otros parajes son contados por la reconocida periodista Floralicia Anzola en su libro Señora Madrastra, editado por Ediciones B, un texto hermosamente ilustrado que a manera de cuento de hadas narra su experiencia de vida desde el momento en que decidió, a los 26 años y por amor, unir su vida a un hombre con hijos. El libro, nos aclara, no está lleno de secretos ni estrategias sino de herramientas lógicas avaladas por especialistas para garantizar una buena relación familiar.
¿Cómo fue esa experiencia de convertirte en la madrastra, siendo tan joven, de los tres hijos de César Miguel?
Mi experiencia ha sido positiva. No ha sido fácil, es un proceso que te pone a prueba muchas veces en muchos momentos, pero en mi caso puedo decir que ha sido positivo. He contado con el apoyo importantísimo de la mamá de los hijos de César, Adriana Mendoza, una mujer muy inteligente que puso por encima de todo, el amor que hay en esta familia.
¿En algún momento llegaste a pensar, Dios mío qué hice?
Yo asumí mi papel de madrastra desde el principio, pero sí hubo momentos en los que decía: Dios mío ojalá que este amor -que sentimos Cesar y yo- sea lo suficientemente grande para que aguante este dolor, porque no ha sido fácil ser madrastra. He tenido la suerte de contar con el apoyo de algunos y por desgracia, con el rechazo de otros. Hubo momentos muy dolorosos y complejos, afortunadamente ese amor ha bastado porque César me quiere a mí muy bonito y su amor es tan generoso que me ha alimentado de una manera… puede que se presente un problema, una rabia, pero eso siempre ha venido suturado por el inmenso amor que César siente por mí.
Pero, ¿cómo lograste engranar en esa relación de padres-hijos que ya existía y a la que estabas llegando?
Fue una trampa que yo misma me puse, me planteé colaborar en todo lo relacionado con los niños y lo hice, viajes, escuela. En la toma de decisiones, como por ejemplo la elección de la universidad, éramos consultados los tres. Nunca hubo de parte de Adriana una queja o molestia. Nosotros tratamos de pasar siempre el año nuevo juntos, yo hago las lentejas criollas y Adriana hace las picantes y siempre se come de las dos lentejas, sea que la pasemos en mi casa en Caracas o en la casa de ella en New jersey, o donde sea que lo celebremos, siempre están las dos lentejas.
Y cuando nacieron tus hijos, Andrés Miguel y María Antonieta,  ¿cómo lo asumieron sus hermanos?
Yo me imagino que ellos deben haber sentido lo que siente todo niño cuando llega un hermano nuevo, los celos naturales entre hermanos; sin embargo, ellos fueron muy generosos porque ellos ya estaban seguros, primero del amor de su papá y luego del mío, más bien creo que Andrés, mi hijo mayor, la pasó un poco duro al principio, fui un poco injusta con él porque siempre evité que ellos, sus hermanos mayores, pensaran que iba a ser malcriado o consentido. Pero era mi empeño por hacerle ver a ellos que él era igual. Cuando nos reunimos en vacaciones el mayor placer para ellos, los cinco, es lanzarse juntos en la cama, abrazarse y compartir.
¿En tu libro confiesas que llegaste a experimentar sentimientos de culpa. Por qué esos sentimientos y cómo los manejaste?
El problema de la culpa es que los hijos, más allá de si eres buena, si su papá es feliz, si su mamá es feliz, el deseo de todos los hijos es que sus padres estén juntos y tú te sientes de alguna manera culpable porque estás interponiéndote en eso. Aunque no hayas sido la causa, sientes que estás de más porque su principal deseo natural, que no es una cosa retorcida, es que su papá y su mamá vivan con ellos y no hay nada que pueda suplir ese anhelo. A mí me costó mucho entenderlo, y no es que sea mala pero puedes caer en la trampa de la culpa con mucha facilidad.
¿En algún momento pensaste en buscar ayuda profesional?
Nunca la busqué, hubiese sido maravilloso contar con una ayuda terapéutica tanto para mí como para otros miembros de la familia. No niego que ese sea un camino, las familias requieren contar a veces con ese tipo de apoyo.
Y tus padres qué actitud tomaron al ver que su hija, tan joven y divorciada, estaba ahora uniendo su vida a un hombre con tres hijos?
A mis papás les costó mucho, fue difícil, pero recibieron a mi esposo con los brazos abiertos. Hoy mi papá y César son grandes amigos. Ellos lo adoran porque ven el amor tan grande que siente por mí.
Floralicia y César, un AMOR en mayúsculas
Es pública, notoria y admirada por muchos la excelente relación que existe entre Floralicia y César Miguel. Al verlos es fácil afirmar que nacieron el uno para el otro y ella, con sus expresivos y hermosos ojos verdes, acompaña sus palabras reafirmándolo: “Cesar y yo nacimos el uno para el otro. Antes de casarnos tuvimos una oportunidad mágica, que no te puedo detallar, donde yo sentí que nos habíamos reencontrado en esta vida, como si hubiéramos compartido un pasado y ahora por fin habíamos logrado encontrarnos y estar juntos”.
¿Cómo te conquistó César Miguel?
Con un ejército de poemas, flores en el parabrisas de mi carro, largas conversas acompañadas de tazas de café. César reúne unas cualidades humanas impresionantes, nos enamoramos ferozmente. Era imposible decirle que no a ese señor.
Y aceptaste ser su esposa
Nosotros convivimos tres años antes de casarnos y cuando lo hicimos le dije: vamos a guardar este papel porque yo voy a estar contigo hasta el día que te quiera y lo mismo debes hacer tú. Yo quiero amanecer con él, quiero que sea mi amante. Si llegara a ocurrir que ya no nos invade esa necesidad, debemos ser sinceros y decirlo.
¿Cambiarías algo de lo que has vivido en los más de 20 años que llevan juntos?
No cambiaría absolutamente nada de lo que he vivido, ni las dificultades, ni los dolores. Sacar adelante un matrimonio cuando ya existen hijos es complicado, pero no cambiaría mi vida por nada del mundo.
¿Dónde está el secreto para mantener viva la pasión a pesar de la rutina y el paso de los años?
En estar pendientes de disfrutar del otro. Dándose tiempo para los dos como pareja y disfrutando de ese tiempo a plenitud, con salidas pícaras e inesperadas. Tiene que haber algo de misterio en la pareja, en el buen sentido de la palabra, que el otro espere algo novedoso de ti. Una de mis mayores angustias cuando di a luz era cómo mantener a César cercano para que él no sintiera que la pareja que éramos se había muerto. Cuando permites que los momentos juntos sólo se limiten a las funciones y roles que a cada uno le toca vivir en la vida familiar pierdes a la pareja.
Al final, las relaciones de parejas en la medida en que maduran, van siendo relaciones que comparten lo esencial, y lo esencial no son los problemas de la casa ni de los hijos, lo esencial está en las acciones y en los pequeños momentos como ver una película, tomar un trago de vino, escuchar un canción -las que elige César son maravillosas- que no son las 24 horas del día sino pequeños instantes que debemos saber  aprovechar.
Volviendo al cuento de la madrastra, no te parece que es una palabra muy fuerte, ¿cómo te llaman los hijos de César Miguel?
Ellos me llaman Flor. Bueno, María bárbara, la segunda de César, que es muy cariñosa si me llama mamá, ella dice que Adriana es su mamá del norte porque viven en Estados Unidos, y yo su mamá del sur. Pero tienes razón, la gente piensa que el nombre de madrastra está  relacionado con todo lo feo, yo quiero que eso cambie, que el nombre se asuma con orgullo, con verdad, con bonitura, por eso le puse Señora Madrastra a mi libro; hay que quitarse el sombrero frente a esas señoras que se dedican con amor a los hijos de otros y a construir familia. Yo creo es en esa madrastra, porque sólo el  amor logra mantener a una familia compuesta unida sin que existan dolores y odios insuperables.
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