Carlos Cruz Diez, gratamente sorprendido

Para el maestro del cinetismo y considerado artista emblemático de la historia del arte del siglo XX, la aceptación que actualmente goza su obra con presencia en diversos lugares del orbe, lo hace sentir tras medio siglo de trayectoria, más vivo y vigente que nunca
 
Fotografía http://www.cruz-diez.com / Archivo
A sus 88 años, el maestro del cinetismo está sorprendido. Las nuevas generaciones lo están descubriendo. Su arte se ha paseado en los últimos años por Asia, Estados Unidos y varios países de Suramérica. En febrero fue inaugurada una exposición de sus creaciones en el Museum of Fine Arts de Houston. En mayo estuvo en Río de Janeiro mostrando su Mural efímero, obra de 87 metros de longitud, en la archireconocida galería Casa Daros. Al mes siguiente recibe en Nueva York la Medalla de Oro por su contribución al arte de manos de la Americas Society, organización integrada por intelectuales, empresarios, políticos y artistas de todo el continente.
Actualmente trabaja en un proyecto para el nuevo estadio de béisbol Miami Marlins Ballpark, como parte del programa del condando Miami-Dade de integrar el arte a la arquitectura. Por si fuera poco, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires inauguró el 21 de septiembre la retrospectiva Carlos Cruz-Diez: El color en el espacio y en el tiempo, en el marco de la celebración de los 10 años de la institución. La exposición, disponible hasta el cinco de marzo del año próximo,  muestra una selección de más de 120 obras realizadas por el maestro desde 1940. 
Siempre artista
Carlos Cruz-Diez nació en Caracas en 1923, es considerado una artista emblemático en la historia del arte del siglo XX, uno de los creadores del Op Art en los años sesenta. Precursor del arte cinético. Dejó Venezuela hace 60 años: “Es que no tenía derecho a la palabra. Por eso, toda mi generación se fue para Europa”. Diseñador, ilustrador, periodista, publicista, fotógrafo, profesor pero sobre todo artista a tiempo completo; para él, el arte y la vida son una misma cosa. Todos los oficios que desempeñó le permitieron ganarse la libertad de dedicarse sin condiciones a su verdadera pasión. “No hay agenda ni horario para ser artista”, declara.
Ha sido de los pocos artistas, sobre todo latinoamericanos, que han publicado libros acerca de sus ideas sobre el arte. “Creo que todo artista que pretende modificar un discurso precedente tiene que escribir mucho y explicarlo”, afirma en relación a su texto Reflexión sobre el color (Arte y Ciencia / Fundación Juan March, Madrid 2009; y enfatiza: “La gente acepta siempre las técnicas tradicionales del arte, cuando uno va en contra tiene que orientar y explicar el por qué”.
El maestro recuerda que cuando empezó a exponer sus obras la gente no las entendía. “Como no había objetos ni formas la gente pasaba de largo y no se detenía”. Lo que había era una explosión de color para ese  momento incomprendida. De allí que a la hora de ser interrogado acerca de si existen -incluidos muchos artistas- analfabetos del color él conteste que “por supuesto” y justifica su opinión: “Es tal la invasión de imágenes y colores que nos rodea, que nos volvemos insensibles a ello”.
Creador de un nuevo discurso
Confiesa que le aburría pintar en una tela y aunque no tenía claro el cómo, sentía que debía hacer las cosas de otra manera. “Me tomó mucho tiempo tomar conciencia y tener la información suficiente para emprender una aventura lógica y racional como la que hice”, afirma.  Y en el mundo del color, al que nunca se le había dado mucha importancia, encontró su razón de ser como artista. 
Su obra se ha caracterizado por trabajar con los efectos ópticos: la persistencia retiniana, la postimagen, la radiación cromática. “La mayor cantidad de información que captamos entra por la percepción visual. Eso es en lo que he tratado de profundizar y explicarme el por qué”. Aunque aclara que lo ha hecho no con la intensión de demostrar algo sino para convertirlo en un lenguaje y hacerlo cada vez más eficaz. 
Asegura que la pintura siempre tiende a salirse del estribo y pone como ejemplo los cuadros manieristas que ponían a volar a los personajes. “Ellos hicieron una transposición de una realidad con un movimiento sugerido. En lugar de sugerir el movimiento, el espacio y el tiempo sobre un soporte estático y permanente, nosotros hicimos obras que se desarrollaban, como la realidad misma, en el espacio”. De allí que se autodenomine como un pintor realista. “Nuestros cuadros son hechos reales, en ellos está sucediendo una transformación continua de ese soporte”.
La calle como soporte
Cruz-Diez es más que un artista de museo y colecciones privadas. Su intención siempre ha sido llevar sus obras al día a día del público para que interactúe con su obra, la descubra, se sorprenda. “Pienso que una obra de arte no es solamente la que vemos colgada en una pared. El arte es parte de la vida y puede manifestarse en cualquier lugar, sobre cualquier soporte”, aseguró este año para la revista dominical Estampas. Así los usuarios del Aeropuerto Internacional de Maiquetía caminan sobre su Cromointerferencia de color aditivo y pronto, los visitantes del estadio de los Marlins de Florida en Miami, se deleitaran con los 1.600 metros cuadrados de caminerías con módulos de tres colores que ha diseñado para el nuevo recinto deportivo.
A Cruz-Díez no le interesan los espectadores pasivos: “En las obras de nosotros -los cinéticos- la gente tiene que participar; si no lo hace, el trabajo muere”, asevera. Y allí radica su semejanza con otro gran maestro del arte cinético: Jesús soto. “Lo que nos une es la idea participativa. Una obra de Soto o mía no es un cuadro, es un soporte de un acontecimiento que se desarrolla en el tiempo y en el espacio”. Por eso la necesidad de la participación del espectador en sus obras porque de lo contrario es una condena de muerte para la obra. “Ese es nuestro aporte a la historia del arte”, enfatiza.
La tecnología en su obra
A juicio de Cruz Diez, la ciencia y la tecnología han sido viejos cómplices del arte. Lamenta no haber contado con ese aporte desde el inicio de su carrera. “Siempre he estado atento en utilizar lo importante o interesante para enriquecer mi discurso”, refiere. El artista cuenta que antes sus obras eran como las de un músico: “Imaginaba una especie de partitura y el resultado estaba en mi cabeza, pero no podía verlo. Era un soporte muy complicado y yo sólo sabía si había quedado bien cuando lo había terminado. Con el computador puedo ver cuál va a ser el final de la obra porque la puedo reconstruir virtualmente”. 
Agradece poder vivir en una época en la cual el conocimiento y la información sobre el universo y todo lo que en él ocurre es mucho mayor. Gracias a las nuevas tecnologías dentro de poco se podrá disfrutar por Internet de una obra del artista titulada Experiencia cromática aleatoria e interactiva, se trata de un software que permitirá a quien lo use  fabricar un Cruz-Díez y ponerlo como fondo de pantalla. 
Su momento
El maestro está feliz. “Después de tantos años, ahora somos escuchados. Los jóvenes ahora sí entienden mi trabajo. Yo le llamaba participativo, manipulable. Ellos me dicen, eso es interactivo”, manifiesta emocionado. Ester año por fin su obra pudo ser apreciada en Colombia. Desde hacía cinco años, el galerista Esteban Jaramillo estaba tratando de llevarlo a tierras neogranadinas y bajo el título Circunstancia y ambigüedad del color, 45 piezas de su autoría fueron expuestas a principio de año en la galería La Cometa en Bogotá. La retrospectiva de su obra que tuvo lugar en el Museum of Fine Arts en Houston, obtuvo un gran éxito de publico con medio millón de visitas en cinco meses del  6 febrero al 4 julio 2011, para luego emprender una serie de itinerancias por América Latina con una primera etapa en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).
La feria madrileña Estampa Arte Múltiple, referencia anual para galerías, editores e instituciones dedicadas a la colección, difusión y promoción de ediciones de arte contemporáneo, contó con la obra de Carlos Cruz-Díez como imagen de su edición 2011 celebrada el pasado mes de octubre. Acerca de este auge el maestro destaca que “el artista tiene que armarse de paciencia y no hacerse muchas ilusiones, especialmente cuando uno se empeña en ir contra la corriente, contra los convencionalismos y los conceptos existentes. Me tomó muchos años lograr que mi discurso fuese disfrutado como lo es hoy en día, en especial por las jóvenes generaciones y los niños”.
Su visión del arte

El maestro se muestra optimista con respecto al arte venezolano actual porque a su juicio han surgido artistas que entienden su tiempo y están en busca de nuevos discursos. Sobre el arte contemporáneo en el mundo asegura que “estamos entrando en una nueva civilización, donde la compresión del tiempo y la comunicación instantánea y globalizada plantean la necesidad de buscar nuevas estructuras de pensamiento para esa nueva sociedad que ya hemos empezado a vivir”, agradece que muchos artistas así lo entiendan y se den a la tarea de buscar nuevos discursos.

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