El estilo de Caresse (2012)

Tras un tiempo apartada de los medios, la periodista y promotora cultural se estrena en las ondas hertzianas con un espacio dedicado al mundo que más le apasiona: el arte y sus protagonistas

Fotografía ANIBAL MESTRE

“Si vuelvo a nacer me gustaría ser hombre”. Esta expresión salida de su boca deja a este periodista atónito. Estoy frente a una mujer delicada, elegante, femenina. Fiel a su esencia, inmediatamente agrega: “un hombre bello, inteligente, honesto y millonario”.  Es Caresse Lansberg Senior, periodista egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, promotora cultural, Premio Nacional de Periodismo en el año 2000 por su revista de arte Estilo. Viajera incansable; Nueva York, París y Venecia con su bienal incluida, despuntan como sus destinos predilectos. Ávida lectora, de esas que sufren cuando terminan una buena novela o un poema. Perteneciente a ese club de exclusivas socialités que alimentan los textos del cronista Omer Lares. Krug, el champagne de excepción, junto al Prosecco Foss Marai se cuentan entre sus bebidas favoritas.

Desde pequeña estuvo rodeada de arte, música, de cosas bellas que ella en acto de genuina humildad agradece. “Realmente fue una maravilla porque ha podido no ser así, soy muy afortunada”, confiesa. Su abuela Marcelle de Senior, una suiza enamorada del trópico a primera vista, fue su gran modelo a seguir. Era esmaltista y escultora. “Yo la quería tanto, soñaba ser como ella, elegantísima, con carácter y muy inteligente”, recuerda. A su lado, y en enriquecedores viajes al viejo mundo, Caresse conoció galerías y museos, bajo sus faldas inició ese romance eterno con el arte.  Su otro gran guía fue su padre Iván Lansberg, creador de un imperio de seguros que llegó a ser el más grande de Hispanoamérica, profesor universitario, conferencista y escritor. “Era el hombre ideal, un Renaiscece Man en todos los sentidos. Creía en el ser humano como centro de todo”, destaca. Pionero en diversos campos, creó el Dividendo Voluntario para la Comunidad, la Asociación Venezolana de Ejecutivos; cofundador del IESA, también formó parte de la directiva el Centro de Estudios Industriales de la Universidad de Ginebra.  

Casada y divorciada del polémico empresario Rafael Alcántara Van Nathan. De esa unión nacieron dos hijos: Lara y Rafael. Ella, radicada en Nueva York, se dedicó al mundo del arte y la fotografía. Tiene una niña, Maia, de tres años. Caresse planea desde ya y a sonrisa explayada, un rapto consensuado para repetir con su nieta las enriquecedoras experiencias que tuvo con su adorada abuela Marcelle. Rafael, asesor financiero, vive entre Miami y Caracas. Madre e hijo mantienen una conexión muy viva alimentada por la cercanía que ambos sostuvieron con el patriarca Iván. Hoy Caresse vive en compañía de su madre Josette. “Una mujer impecable y generosa que nos enseñó, a mis dos hermanos y a mí, que más allá de la academia y las empresas existe la miseria de tantos desafortunados”. 

Mrs. Dalloway a la criolla

A Caresse le encanta cocinar y atender. Su círculo más allegado la reconoce como una esmerada anfitriona. En estos momentos anda en una onda hindú. En su más reciente viaje a Nueva York descubrió las bondades del curry, en todas sus variantes, y las otras significativas especies tan propias de la gastronomía india. Ángela Oráa, su amiga por tantos años, la compara con Mrs. Dalloway, célebre protagonista de la homónima novela de Virgina Woolf; con el verbo suelto que la caracteriza enfatiza: “Caresse es una excelente anfitriona, recibe a sus invitados como una reina y decora una mesa de muerte”.

“Montar una mesa me relaja muchísimo, es como un ritual, algo casi religioso”, explica. Sus invitados llegan a su casa, diseñada por el arquitecto Carlos Gómez de Llarena, con mucha expectativa en torno al ambiente y menú de la cena. Pétalos de flores, manteles, cristales, velas, alcachofas y hasta muros en construcción son aprovechados en una muestra de creatividad y buen gusto que sus convidados siempre agradecen.  

Sus años como editora

La emoción cuando habla de Estilo es notoria. Tras trabajar con su padre en la Fundación Amigos del Museo de Bellas Artes, adquirió la revista que terminó por convertir en una publicación para fomentar y dar a conocer el arte en Venezuela. “Tuve la suerte de trabajar con un grupo genial, inteligente y ambicioso pero sobre todo valiente e irreverente”, refiere Caresse. Insistió mucho en que se escribiera en un lenguaje sencillo para que todos pudieran entenderlo y liberar al arte del elitismo y el sectarismo que termina por alejarlo de las multitudes. De las 49 ediciones de Estilo, recuerda el número titulado “Los 90 de los 90” en el que incluyeron a los artistas venezolanos más relevantes de esa década. Varios números sobre fotografía, oficio que terminó por ser considerado como el gran arte del siglo XX; y una edición sobre el arte y el erotismo que causó polémica y hasta les valió el retiro de varios anunciantes por considerarla pornográfica.

Estilo trabajó de la mano con la Fundación Calara, creada también por ella, dedicada a montar por el país y el mundo muestras itinerantes de artistas nacionales. Muchos de estos talentos fueron favorecidos con un programa de becas que duró 10 años en el PS1 Contemporary Art Center de Nueva York y dentro del Foreing Artist Studio Program.  “Todos deberíamos ser mecenas de un artista”, proclama.

En el año 2000, y recién tomada la decisión de cerrar la revista por problemas financieros, Caresse la pone a concursar en varias categorías del Premio Nacional de Periodismo. Ganó por mejor contenido y mejor dirección. Ella, enfundada en un taller de Yves Saint Laurent, su diseñador favorito, y sentada en medio de Miguel Enrique Otero y Guillermo Zuloaga, se levantó honrada a recibir su premio de manos del mismísimo Hugo Chávez. Sin duda una imagen para el recuerdo. “Dirigir una revista fue la mejor experiencia profesional de mi vida”, asevera.

Arte con estilo

Caresse confiesa que pasados algunos años desde el cierre de su revista Estilo, llegó a sentirse cansada de hacer nada, de estar tanto tiempo apartada, con temor por no saber qué proyecto emprender. Decidió entonces que era hora de volver y retomar su  espacio. Para graficar su estado evoca uno de los versos del poema No te salves de Mario Benedetti: “No te quedes inmóvil al borde del camino”. 

De esa inquietud nació Arte con estilo, un programa de radio que desde hace dos meses se transmite todos los sábados a las tres de la tarde por la 100.7 FM, la radio del Ateneo de Caracas. Su amiga Gisela Provenzal la ayudó a encausar esa inquietud. El objetivo del programa, explica Caresse, “es acercar los protagonistas del arte a la gente, escuchar de su boca sus historias“. Por allí han pasado Marva Griffing, creadora del Salón Satélite de la Feria de Milán; Diana López, artista y directora de Cultura Chacao; Antonio Briceño, biólogo y fotógrafo; y Fran Beaufrand como colaborador fijo entre otros. 

El programa permitirá además dar a conocer talentos emergentes. “Acá en Venezuela hay un movimiento enorme con artistas cinco estrellas”,  refiere entusiasmada. “Arte con estilo es una emoción nueva, me hace sentarme a pensar, investigar, a trabajar todos los días”, comenta. Se muestra feliz de volver al mundo que tanto le interesa y que tanto le ha dado. “Es un proyecto pequeño al que puedo aportarle mucho; espero que eventualmente se convierta en algo más grande, una revista o un programa de televisión. La verdad es que cada día está mejor”.

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