Alejandro Ramírez, desenfadado y siempre chic

Sus diseños nacen inspirados en féminas relajadas, seguras de sí mismas, jamás dispuestas a sacrificar un ápice de su elegancia
Fotografía LUZ MARINA VAN BURK
 Su estampa bien podría estar recorriendo pasarelas, luciendo prendas de grandes diseñadores aquí en suelo criollo o en alguna tierra lejana. Esa experiencia, la de ser maniquí, la probó por año y medio en tierra azteca, pero él, fiel a su destino, se sentía más a gusto sugiriendo la ropa en los editoriales de moda en los cuales participaba. Es que desde niño Alejandro Ramírez se sintió identificado con el maravilloso e inagotable mundo del diseño. “Siempre tuve ese encanto por la moda, observaba con fascinación a mi abuela cuando se mandaba hacer un vestido, esa pasión es nata”, arguye.
El hecho de nacer en una familia de ingenieros y arquitectos, con abuelo llanero incluido, no fue impedimento para que siguiera su verdadera vocación. Así la decisión de abandonar sus estudios en la Universidad Simón Bolívar para ingresar a Brivil Instituto de Diseño Ambiental y Moda, de donde egresaría con mención de honor, contó con la aprobación de su entorno más cercano. Su próxima parada sería en la  Barcelona de Gaudí para cursar una especialización en el Instituto Europeo de Diseño; de allí a Milano donde haría sus pasantías con el diseñador Guillermo Mariotto, calificado por algunos como el venezolano más famoso en Italia, director creativo y accionista de la Maison Gattinoni.
Al regresar a Caracas tuvo la oportunidad de trabajar al lado de consolidadas figuras de la moda nacional: Raenra, Hugo Espina, Margarita Zingg, Mayela Camacho, Giovanni Scutaro, Oscar Carballo; ”esa fue la verdadera escuela”, asevera. En 2005 decide independizarse, una máquina de coser en la sala de la casa de su inspiradora abuela fueron sus inicios. El de “boca en boca” fue la mejor publicidad, el buen ojo de mujeres como Titina Penzini y Alexandra Azpurua se fijaron en su trabajo de líneas puras, en sus acabados impecables y empezaron a recomendarlo con sus amigas. Desde entonces han sido muchos los metros de telas para cortar y coser.
Ni series ni corsé
Hasta la fecha son tres las líneas que caracterizan su trabajo. La firma “ARound”, su propuesta de ropa pret-a-porter para mujeres inmersas en la fast life que desean verse siempre bien sin hacer una cuantiosa inversión. Su línea de playa “Mare” y “Alejandro Ramírez”, vestidos de novia y alta costura. Es superlativo destacar que este joven talentoso no hace diseños en serie. La exclusividad es un must que toda mujer agradece, nada de desagradables encuentros con atuendos repetidos. Puede que en sus colecciones existan piezas con el mismo corte pero el color o algún accesorio las hará únicas.
Ramírez se inspira y diseña para una mujer segura de sí misma, desenfadada, relajada y cómoda. “Mi estilo es cero corsé”, enfatiza, y lamenta que todavía en la cultura venezolana predomine la atracción por este tipo de prendas que busca a toda costa sacar busto y cintura a pesar de que muchas veces resulta incómodo y poco estético. “Yo busco alternativas que le permita a la mujer estar sexy, elegante y chic sin caer en el corsé”. La web y las revistas le permiten mantenerse informado acerca de lo que ocurre a nivel mundial en torno al ámbito del fashion, pero aclara que no le gusta basarse en todo lo que es tendencia: “sí tomo algunos detalles, un color, pero prefiero variar, buscar un elemento diferenciador”.
Entre telas y colores
Quienes de trapos saben, dicen que su trabajo recuerda al gran Yves  Saint Laurent, otros a Elie Saab y Donna Karan tal vez por el gusto por el jersey, una de las telas con las que más le apasiona trabajar por considerar que se maneja muy bien tanto en gordas como en flacas. Se confiesa fanático del paiet, el raso de seda, la ciberlina, el chifón y el charmeuse, “son telas fluidas y volátiles, hacen que la mujer se vea como una pincelada, como si estuvieran levitando”, explica. De sus coterráneos alaba el trabajo del diseñador Alberto de Castro, “me parece que es el único que hace moda en el país, su trabajo es impecable”, subraya.
Traspasar las fronteras no le quita el sueño, “yo me quedo en Venezuela hasta cuando se pueda”, espeta. Urbes como Bogotá o Buenos Aires surgen como destinos más tentadores que la anhelada Nueva York o algún país del viejo continente a la hora de imaginarse abandonado su terruño. “Se que muchos sueñan con irse a otros lugares pero hay que tener los pies sobre la tierra, allá es otra visión, otra educación, otra cultura”, señala. Y aquí sigue dedicado a lo que más le gusta. Su colección primavera-verano 2012, una celebración al color, ya está disponible; vaporosa, colorida con mucha presencia de estampados y flores.
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