Cuba libre


Tenía mis dudas con este concierto. El drama que por tantos años ha vivido el pueblo cubano me despierta emociones. No concibo mi vida sin la capacidad y el derecho que por el solo hecho de nacer tengo, de elegir qué hago y qué no. Cuando tomo decisiones tan simples como si almuerzo con carne de res o de pollo y otras más trascendentales como aprobar o no una reforma a nuestra pisoteada Constitución, pienso irremediablemente en los cubanos y su cárcel con palmeras por barrotes, rodeada por el Caribe. Ellos no pueden comerse más de un huevo al mes, encima de que no pueden elegir, pasan hambre. Muchos se prostituyen por tan poco que resulta imposible no sentir pesar.

Hoy en medio de tan polémico concierto, al ver las entrevistas que muchos medios extranjeros le hacían a la gente de a pie, de bicicletas y guaguas abarrotadas, me di cuenta del hambre de momentos felices que sienten en la isla. Ahora cuando sospecho que no fue fácil para Juanes y Bosé dar ese concierto, lo considero oportuno, justo y necesario. Los cubanos en esa plaza de la revolución, manchada con la sangre de tantos inocentes fusilados por órdenes expresas de esa momia insepulta, obcecada, inclemente y perversa que es Fidel Castro; tuvieron la oportunidad de vivir un momento feliz, de saltar, de aplaudir, aplausos que salían de su corazón sin duda emocionado, acostumbrado a días aburridos de escasez apremiante. Aplausos voluntarios y no como los que han tenido que dar en tantos y tantos años de cruel tiranía; siempre orquestados, ordenados y vigilados. Bien lo expresa la siempre acertada blogera cubana Yoanni Sánchez con su entrega “Después de Juanes” en su Generación Y: “Fue una experiencia rara estar allí, sin gritar una consigna y sin tener que aplaudir mecánicamente”.

Creo que los cubanos en esas horas bajo el sol inclemente que alumbra a La Habana fueron un poco libres, vivieron un momento feliz y ese solo logro, por ese gran logro, creo que Paz sin Fronteras en Cuba tuvo un sentido, valió la pena. Mención especial a Bosé, con su inadmisible y notoria barriga, y su canción Nada Particular con ese coro tan apropiado “dame una isla en el medio del mar, llámala libertad”. Cuando Juanes gritó “Cuba Libre, Cuba libre, Cuba libre,” fue inevitable emocionarse con piel erizada incluida. Ojala el mundo decida reconciliarse con la historia y saldar la deuda moral que tiene con el pueblo cubano, con los que en balsas inventadas y desafiantes se han regado por el mundo y con los que día a día sobreviven a su triste existencia bajo la bota implacable de los Castro. Libertad para los cubanos.

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