Descubriendo a Niemeyer


El sol abrasador de las 3:30 de la tarde de un sábado en Caracas obliga no solo a entrecerrar los ojos sino apurar el paso porque el aire se torna particularmente caliente al punto de hacerse insoportable. La excusa para visitar uno de los museos más emblemáticos de Suramérica, el Museo de Arte Contemporáneo, es descubrir la obra del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, el creador junto al también carioca Lúcio Costa de la novel y emblemática Brasilia. Esta exposición, “Oscar Niemeyer, Una invención del tiempo”; ampliamente recomendada por los medios de comunicación locales, ofrece un recorrido por la extensa obra, más de 700, de un arquitecto que a sus 101 años, en un impetuoso desafió a la muerte, continúa generando ideas. Son noticia fresca sus propuestas para la construcción de una Plaza de la Soberanía en Brasilia así como el proyecto Puerto de la Música en Rosario, Argentina.

El silencio es el habitante eterno de todo museo, el de Arte Contemporáneo, otrora Sofía Imber, no es la excepción; esa visita sempiterna se justifica en la necesidad de sumergirse en la obra observada sin la fastidiosa presencia del ruido, las voces, los gritos y risas que malogran el momento, casi mágico, siempre cargado de respeto, de apreciar una obra de arte. En el reino del silencio y la temperatura perfecta una pared cargada con el nombre de Oscar Niemeyer en letras notablemente grandes recibe a los visitantes; al girar a la izquierda una réplica a escala de la escultura La Mano de La Protesta llama la atención y avisa a cualquier observador desprevenido sobre la carga ideológica presente y latente en la obra del arquitecto, considerado por el líder cubano Fidel Castro como uno de los últimos comunistas del mundo. Aunque, valga la aclaratoria, la obra de Niemeyer es grande, innegablemente grande. Se antepone y sobrepone a cualquier tinte ideológico.

Una escalera de caracol pintada de negro permite descender sin más preámbulos a cinco sala espaciosas repletas del arte y a parte del arquitecto. Resulta imposible no detenerse en las muchas frases salidas de la boca de Niemeyer que para esta muestra fueron adheridas a las paredes del museo como complemento de la exhibición. En una de ellas se exalta, no podía faltar, el compromiso del comandante en jefe, sí, del mismísimo Hugo Rafael Chávez Frías, con la lucha y defensa de la América Latina, en unión a los nombres de Lula y Fidel. El egocentrismo presidencial raya en lo obsceno. Su afán revolucionario se torna necio y hasta fallido.

Entre fotografías de gran tamaño, tomadas por Kadu Niemeyer, nieto del arquitecto; maquetas, croquis, bocetos, reproducciones a escala y videos expuestos en monitores fue posible hacer un recorrido por toda la obra. La exposición segmentada en seis etapas, desde 1940 hasta 2009, muestra los primeros trabajos de Niemeyer como la iglesia de San Francisco,calificada de modernista, hasta sus más recientes proyectos construidos como el Museo del Hombre y del Universo, que data de 1994, ambos en Brasil. Trabajos desafiantes plagados de líneas curvas, vivas e impetuosas, pilares de un estilo único y progresista que convirtieron al artista en una referencia para la arquitectura mundial, pionero en la exploración de las posibilidades constructivas y plásticas del hormigón armado.

En una de las salas se ofrecen vestigios del contacto del arquitecto con Venezuela. En esta oportunidad las cartas, bocetos y fotografías hablan del proyecto de construir en Caracas el Museo de Arte Contemporáneo pero salido de los prodigiosos trazos y cálculos del propio Niemeyer, lamentablemente este proyecto no pudo concretarse.

Así el visitante, acompañado únicamente por vigilantes aburridos como aburridos y básicos son sus uniformes negros, conoce y descubre la obra de un genio. Hasta el 16 de agosto podrán los caraqueños y sus visitantes disfrutar de la exposición, el MAC, silencioso con sus Picasso y sus Miró, los espera. De las pocas personas presentes en la exhibición, algunos adultos y otros no tanto, solitarios o en grupo, sobresalió una adolescente quien con ávido interés y manifiesto placer recorrió las salas palmo a palmo. Al ser interrogada acerca de como la había parecido la exhibición, espetó con sonrisa libre y ojos brillantes: “Demasiado fino”. Y siguió su recorrido. Otras salas, otro arte, la esperaban para saciar su sed oportuna y ojalá imperecedera de cultura

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2 comentarios en “Descubriendo a Niemeyer

  1. Hola, ¿qué tal?. Me ha gustado mucho tu post, pero hay algo que me ha dejado un poco desconcertada, ¿donde estaban los miró y los picasso?. Saludos, seguiré leyendo.

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