Ahora me toca a mí


Él junto a su familia en Maracay se había pasado el día entero pegado a la pantalla del televisor, la programación ofrecida no podía calificarse de otra manera sino de histórica, lo que estaba por ocurrir en el país justo cuando las agujas del reloj se unieran en el número 12, era sin duda un momento único e irrepetible. Toda Venezuela y el mundo presenciarían desde la calidez de sus hogares como la señal televisiva más antigua de Venezuela, la de Radio Caracas Televisión, se apagaba después de 53 años para tan solo en pocos instantes dar inicio a un proyecto, de antemano fracasado, orquestado por el régimen de Hugo Chávez. Tves, la prometida televisora social, sería castigada por la audiencia con el látigo inclemente de la indiferencia.

Dos años después, José Antonio recordaba ese momento y cavilaba si él junto a sus compañeros en Globovisíon, tendrían que despedirse entre lágrimas y abrazos de la audiencia que por 15 años los ha acompañado en medio de un clima de radicalización política nunca antes vivido en Venezuela. “Estamos resignados, creemos que el cierre del canal es un hecho pero seguimos dando lo mejor, mantenemos nuestras ganas de trabajar”, responde el joven periodista con la voz pausada que lo caracteriza. Recuerda como un día, hace ya un año, se vino de Maracay a probar suerte en el llamado canal de la Florida con su título de comunicador social de la Universidad Bicentenario de Aragua bajo el brazo. La suerte lo acompañó, semanas más tarde lo llamarían para trabajar de miércoles a jueves como redactor de noticias y de viernes a domingo como responsable de la señal al aire. Señal que atormenta al presidente y a sus seguidores, mas no al 72% de los venezolanos que según la última encuesta de la firma Hinterlaces están en desacuerdo con el cierre del canal.

Tal vez sean sus escasos 23 años los que le permiten al joven periodista mantener un optimismo que podría ser calificado de inocente. Si bien se reconoce resignado ante el proclamado cierre de Globovisión, José Antonio cree en la promesa de los directivos del canal de mantenerse a flote al menos por un tiempo; “tenemos los recursos” les aseguran en asambleas gestadas con la finalidad de contrarrestar el miedo, la frustración y la incertidumbre que campean en los laberínticos pasillos del canal. El anuncio de una ley que regule la televisión por suscripción se torna asfixiante para un canal al que posiblemente no se le permita ni siquiera llegar a los hogares de los venezolanos a través del cable, como si lo hizo el antiguo canal dos convertido hoy en RCTV Internacional.

24 horas de información, programa tras programa, torpedos de noticias y a veces hasta entretenimiento. Los desaciertos del presidente y sus fieles partidarios son transmitidos hasta el cansancio. Alberto Federico Ravell, director de Globovisión, también enciende la pantalla, se sabe provocador y hay que ver como provoca. ¿A donde quiere llegar es la gran pregunta?, ¿En que terminará la lucha entre un canal de televisión, cuya señal solo llega al centro del país, y el todopoderoso gobierno revolucionario? Por un lado siguen las amenazas y la persecución judicial y administrativa, por el otro la denuncia y la crítica implacable, mientras tanto José Antonio sigue monitoreando que la señal de Globo siga al aire… hasta que Chávez quiera.

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