Ahora sí. Huele a hallaca

Hace días manifestaba, con algo de razón, que no percibía en el ambiente la llegada de diciembre, el mes de los excesos, de los gastos, de la pintadera de casas y apartamentos, de las compras muchas veces innecesarias, del pan de jamón, los turrones y las hallacas. Pero ahora ya siento el cambio, llegó el frío y esa brisa tan de diciembre que definitivamente es el toque imprescindible para ambientar, como debe ser, esta época del año.

Me encanta la navidad, las luces, los arbolitos, los adornos, las hallacas, que deberían hacerse mínimo dos veces al año, las nueces y ese ambiente festivo que lo inunda todo, un ambiente lleno de alegría enmarcado mas que en la celebración cristiana del nacimiento de Jesús, en el hecho de que se termina un año y empieza otro. Es momento de ponerse a sacar cuentas, de revisar logros, cuánto gané este año, cuánto perdí y no me refiero únicamente al factor dinero que por supuesto hay que incluir en esa lista.

Sin ánimos de convertirme en esa especie de predicador de discursos de auto ayuda considero oportuno hacer un inventario personal, particular, interno, externo, físico, espiritual, amoroso, sensorial… en fin de todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida para tomar conciencia de si vivimos o sobrevivimos, si aprovechamos como debe ser el don máximo o si por el contrario lo perdimos diluido en pendejadas, en preocupaciones banales, en detalles sin importancia, nunca trascendentales.

 

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