Esta tierra que piso

Bueno ya no es tierra, ahora es cemento, alguna vez fue tierra, muchas plantas, un paisaje hermoso del que queda ya muy poco. Me gusta observar las fotos de la Caracas vieja, con sus haciendas inmensas y verdes surcadas por un rió Guaire limpio, aunque resulta medio traumático ver lo que era y compararla con lo que hoy es. La Caracas de ahora es una urbe despiadada, crece de forma desmesurada y desordenada pero eso sí resistiéndose a perder su dignidad. Haciendo el ejercicio de darle forma, cuerpo y vida, Caracas sería una dama entrada en años, elegante, una señora bonita, vestida con un traje de diseñador pero lleno de remiendos, algunos de mejor tela que otros pero remiendos al fin. Es que así va esta ciudad, por un lado se llena de ranchos, invasiones por todas partes que desafían el vivir dignamente, ¿de dónde sale tanta gente? Por otro lado están las grandes urbanizaciones que nacen de las mesas de diseño de los arquitectos, recargando una ciudad que hace ya bastante tiempo grita, silenciosamente la pobre, que ya no puede con más. Con un edificio más, con un carro más, con una valla más, con un centro comercial más.

¿A quién le duele y a quién le importa? Es un problema de falta de conciencia, de parte del Estado sin lugar a dudas, y de sus habitantes, de todos y cada uno de nosotros que cada día a día hacemos uso y abuso de la señora bonita, de la ciudad bonita pero desgastada que va perdiendo su aire distinguido parece que sin remedio. Suena a tarea difícil pero jamás podría afirmar que imposible, aquí al lado tenemos claros ejemplos de que sí se puede, hace falta darse un paseo por Bogotá para convencerse de que sí es posible la recuperación de una ciudad, y no solo del caos provocado por el desorden y la falta de planificación sino incluso de la violencia, ¿alguien recuerda a un señor gordito de bigotes llamado Pablo Escobar y su imperio del terror? Y ahí está Medellín remozada, verde, cálida, abierta.

De la experiencia de otros también se aprende, y no se trata de mandar comisiones a gastar sumas astronómicas en otros países para ver cuanto ellos han mejorado, sino de crear conciencia en la gente, en los caraqueños de a pie, que somos pocos, y en los que van en carro, que son muchos. Es un problema de educación, educación en la casa, en la escuela, en el liceo, en la universidad, educación en la calle y en los medios. Creo que hacen falta los micros de Marta Rodríguez Miranda, pero claro en esta lucha política y mediática solo hay cabida para reponer 40 veces al día, que Chávez mastica hoja de coca por la señal de Globovisión; mientras en el canal 8, el de todos los venezolanos, nos enseñan como defendernos de los ataques del imperio, ¿cuáles ataques?. Que Chávez mastica hoja de coca, me lo sospechaba pero. . . y nuestro día a día, ¿a quién le duelen las pilas de basura maloliente esparcidas en las esquinas, la falta de vías, de alumbrado, de un transporte público eficiente?, ¿a quién le duele esta ciudad?… ¿a quién?

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