El lazo negro por los Hermanos Faddoul

El miércoles 05 de abril, la ciudad, el país entero se estremeció ante la confirmación por parte de los medios de comunicación del múltiple asesinato que acabó con las vidas de los hermanos Faddoul, Bryan, Kevin y Jason, así como la del chofer de la familia Miguel Rivas. Los periódicos eran leídos con cara de consternación y asombro, de dolor; el dolor que produce saberse humano y por lo tanto vulnerable. El dolor de ver como se pone fin a cuatro vidas inocentes sólo por la codicia desmedida de otros. El dolor de pensar en la terrible angustia, en la pena inconsolable de una madre al perder de un sólo y fatídico golpe a sus tres hijos. El dolor de ver como se pierden los valores en una sociedad que cada día que pasa sucumbe ante el crecimiento desmedido de la violencia y la maldad.

Fueron 41 días de angustia, 41 días de secuestro, quizás más terribles que el día en que se hizo pública la trágica muerte. Muertos los hijos, a una madre no le toca sino resignarse con la ayuda del transcurrir del tiempo. Pero secuestrados pesa la incertidumbre de saber si se les va a volver a ver, si comieron o no, si tienen donde dormir, si los tratan bien, si toman agua, si la recuerdan, si la lloran, si extrañan su beso de buenas noches, su “Dios te bendiga hijo” antes de dormir. Cuarenta y un días que comenzaron de la manera más normal, una ida rutinaria al colegio cambió con el trágico encuentro de una “falsa” alcabala de la Policía Metropolitana. ¿A quién deben temer más los venezolanos, a los ladrones, al hampa común u organizada o a las mismas autoridades uniformadas?

Los ruegos, las oraciones abundaron por todos lados; muchas madres trataban de ponerse en el mismo lugar de la señora Gladis de Faddoul; ruegos de la Iglesia, de sus compañeros de clases, del venezolano común y corriente que sueña con caminar sin miedo por las atribuladas calles de un país que se dirige irremediablemente hacia el colapso. Sobresale la fe inquebrantable de una madre, que hasta el último momento mantuvo -y mantiene- palabras de resignación y aceptación del hecho más inaceptable, la muerte de sus tres hijos. Una madre que pidió misericordia: “ Les imploro misericordia por Bryan, que como ustedes deben saber es un muchacho excepcional y buen alumno…misericordia por Kevin que nació tristemente con una cruz … misericordia por Jason, quien fue enviado por Dios para ayudarnos con la fuerte labor de Kevin … Misericordia por Miguel que es un excelente amigo y gran padre de dos hermosas criaturas…”

Ella, en el fondo de su corazón, se preparaba para lo peor, quizás porque siempre se mantuvo consciente de una triste realidad; la maldad del hombre supera con creces todo sentimiento noble. ¿Cómo pudo una mano apretar un gatillo y terminar con la vida de seres inocentes? ¿Cómo pudo hacerlo si él al igual que todos tiene una madre, a lo mejor hijos? Cuándo pasan hechos como éste surge en la mente de muchos la pregunta de cómo puede dañarse la vida de una persona, qué hechos y qué circunstancias pueden accionar en un hombre el cambio de ser humano pensante a monstruo lleno de maldad.

¿Dónde estaba Dios en ese momento? ¿Por qué no escuchó las oraciones, los rezos, los ruegos de tantas y tantas personas? ¿Por qué lo permitió? Son muchas preguntas que quizá nunca van a tener una respuesta. Muertes se suceden a diario, es más, la gente ha terminado por acostumbrarse día a día y de forma pasiva y preocupante a la cultura de la violencia y de la muerte. Muertes por un par de zapatos, por un celular, porque lo miraron feo, porque tienes dinero y yo no, por un Corsa, porque estudias en la Metro y yo de vaina terminé la primaria. Tantas excusas, todas vanas, para justificar lo injustificable ¿Es qué acaso la vida tiene precio?

El dolor da para todo, incluso para hacer política. La sociedad se cansa y ve en la calle el sitio perfecto para manifestar su desacuerdo, sus pesares. La presencia mediática es necesaria, pero en un país donde el Presidente es enemigo de los medios, la acción de estos siempre será juzgada y mal vista. Más allá de aceptar que se tienen problemas para ejercer y aplicar la justicia, más allá de reconocer que no hay garantías de seguridad para el pueblo, el dedo del gobierno se levanta para acusar y levantar juicios y procesos porque, según ellos, se usa el dolor ajeno para denotar la ineficiencia del Estado, peor aun la desidia, la negligencia. Ser delincuente está de moda, ellos tienen un héroe a quién seguir y admirar. Triste por ti Venezuela.

No hay nada más fuerte que una sociedad unida, pero a la nuestra le falta mucho para llegar a ese estado ideal de unión, donde todos se pongan de acuerdo y salgan a manifestar por lo que cada día les roban, la oportunidad de vivir sin miedos, con equidad y justicia. Un lazo negro viajó a través de Internet convirtiéndose en la imagen para manifestar de cientos de usuarios del Messenger, gente de Venezuela y del resto del mundo, quienes quisieron manifestar su dolor y repudio por el abominable hecho. A esta sociedad le duele el dolor ajeno, le conmueve, pero olvida con mucha facilidad y se duerme. Hay que despertar.

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